Lucio, Sandra, Juan y Lupe son hermanos. Niños ingenuos, niños de esteras, niños de polvo y piedras, niños que desde hace dos semanas aprendieron a soñar. Sus padres, ahora, creen en los milagros, y sus vecinos en Dios y en sus ángeles.
Tal vez en este momento los cuatro hermanos ya estén instalados en su nueva casa, durmiendo siempre juntos, en una misma cama; pero ahora, bajo un techo firme y en un ambiente donde el viento ni las gallinas no son bienvenidos en las noches.
El proyecto realizado durante estos días tuvo como objetivo brindar viviendas a los pobladores de un asentamiento humano de un olvidado pueblo de Cañete, construidas por nosotros; jóvenes universitarios de tres continentes del mundo, con ganas de ayudar a personas de limitadas condiciones de vida.
El campamento de trabajo empezó un primero de enero. Hospedados en un acogedor colegio, empezó la convivencia de cuatro países y en medio de un arenal bautizado como Alto Valle Hermoso comenzó el trabajo; siendo contemplados y acompañados fielmente por el fuerte sol cañetano.
Y así pasaron los días, entre martillos, polvo, bloqueador y codiciadas botellas de agua durante el trabajo. Nos fuimos conociendo los unos a los otros, a los lugareños y a Dios.
Me di cuenta que la rutina no llega a ser mala, pesada o aburrida cuando tiene buenos objetivos.
A pesar de las dificultades que interfirieron en el cumplimiento de nuestra misión, creo firmemente en lo personal que logramos más que nuestros objetivos: redescubrimos juntos la alegría en los demás, en los más olvidados, construimos un nuevo Valle Hermoso; un nuevo rostro en cada uno de los pobladores: sembramos esperanza, fe y devoción; trabajamos unidos, representantes de cuatro naciones cargados de energía y empeño, y hasta logramos compartir con el pueblo dos sacramentos realizados, siendo nosotros los invitados de honor. Hoy logramos ser inolvidables.
Nunca me olvidaré de esta experiencia, de Alto Valle hermoso, de sus pobladores, del campamento, de sus pasillos cargados de energía, risas y calcetines sucios sin dueño; de las tertulias, ni tampoco de aquel cebiche nocturno que a más de uno lo dejó afectado.
Para terminar estas breves líneas aún busco palabras para expresar precisamente los 13 días vividos.
GRATITUD
Gracias al proyecto, porque ahora mi camino toma otra ruta en mi vida: me enamoré de mi religión.
Gracias Chile: por mostrarnos cómo se debe actuar frente a los demás, cómo trabajar en equipo, por los buenos muchachos nos mandaron..Gracias España, por enviarnos a este par de chabales que nos regalaron tantas risas y momentos gratos. Gracias Estados Unidos, Gracias Matt por tu admirable voluntariado, gracias Perú por mostrarnos que si juntos persistimos día a día, podemos ponernos de pie y trotar de nuevo juntos a los demás, gracias por acogernos y juntarnos bajo un solo ser, por permitirnos ayudar.
Y sobre todo gracias a Dios, por haberme puesto a todos ustedes en este corto periodo de mi vida.
Alejo, excelente carta, muchas gracias por escribirla. Logramos lo que logramos gracias a la union que tuvimos por ayudar a estas personas, pero principalmente por que Dios nos dio la fuerza y voluntad de continuar a pesar de las dificultades para ayudar al projimo.
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